jueves, 14 de julio de 2011

La energía que las estrellas disipan en
el espacio, estas esferas de gas, nos
permiten observar una apariencia en
el cielo nocturno, manifestadas como
puntos luminosos.

MARIANA PALACIOS





Las reflexiones de Kanek lo conducen al desarrollo de una acción como lo es el apropiamiento de una serie de luces que monta en su cuerpo. Acción cargada de excentricidad y de un carácter lúdico, funciona como una potente alegoría de la búsqueda de la fortuna de perderse en el horizonte, en la aparente nada, como en un devenir de traslado.

La obra es un Intento de producir un equilibrio de fuerzas tanto en el cielo reconociendo a las estrellas como algo mas que un objeto astronómico que brilla con luz propia; como en la autosatisfacción.

Dándole sentido al horizonte, tendiendo a expandirlo, poniendo estrellas a un cristal. Recordándonos que el horizonte es mas activo de lo que aparenta, la constancia frontal en nuestras vidas anula la capacidad de integrarlas en el cúmulo de experiencias cambiantes. El horizonte parte en dos al mundo, separa al cielo de la tierra, al ser parte integra de la tierra se mueve con nosotros, este plano fundamental para las coordenadas celestes.

Sus cuerpos ya sean astronómicos o humanos dejan esa sensación de ser energía estática para activarse; la lejanía de las estrellas y la noción de nosotros mismos nos engañan, anulando la capacidad de percibir con nuestros sentidos los sucesos químicos y físicos que se desarrollan alrededor y dentro de ellos.

Toda esta actividad se convierte para el en un método de trabajo, su traslado, el cambio de sede, ese cambiar de lugar es una forma de resistencia a la estática y un modo de vida. Su traslado lo toma como fortuna, esa ocasión difícil de atrapar e incluye en su fortuna a la obra . El acervo pasa a ser un mecanismo de producción.

Se trata de un pensamiento visual o una reflexión materializada que acaba por incorporarse a la forma del proceso. Recreando su versión del cielo, incluyéndose en el horizonte e incluyéndonos en su placer, explotando las anécdotas, recolectando ocasiones en su traslado.

BENITO SALAZAR