lunes, 24 de octubre de 2011

Texto de Sala de Territorio K

El sueño, el insomnio y el territorio

The creatures outside looked from pig to man,
and from man to pig, and from pig to man again;
but already it was impossible to say which was which.
George Orwell, Animal Farm

En este país hay algo desatado que no sabemos muy bien cómo y por qué comenzó. Aturdidos por las preguntas, sólo nos queda compararnos con el atormentado cura de Comala, el desdichado pueblo de Pedro Páramo: “Todo esto que sucede es por mi culpa”. Y como él, no podemos dormir bien. En el insomnio, pensamos en George Orwell: ojalá este territorio fuese “1984”, pero apenas se parece a “Animal Farm”.

El TERRITORIO K de Vanessa Rivero explora este tiempo y espacio que nos ha tocado vivir. La clave de su exploración es la ambivalencia a través del uso de signos que concitan tanto lo benévolo como lo contrario. El recorrido parte con un paisaje en donde las casas, los hogares, revientan hacia arriba, espesando el ambiente como si fueran fábricas.

Después, el organicismo (un sistema que la artista maneja diáfanamente desde sus inicios) se asienta en el territorio con el cielo ya despejado; el musgo crece libremente entre el barro, el comején descubre su camino y los cerdos, encantados, retozan y se funden entre sí.
Al final, con acento nocturno, un cerdo duerme en la cama; al igual que en “Animal Farm” ha incumplido uno de los mandamientos que lo lanzaron a luchar contra la “injusticia”: No animal shall sleep in a bed lo ha cambiado ahora por un triunfante No animal shall sleep in a bed with sheets.* Paradójicamente, el sueño del cerdo que ha violentado el territorio, como Pedro Páramo con Comala, es volver a ser libre en aquel campo donde nació. Pero ya no puede, es esclavo de sus convicciones justicieras.

TERRITORIO K es una instalación construida para redescubrir las preguntas que nos hemos hecho en los últimos años. Nuestras respuestas no serán tal vez la solución al problema nacional, pero quizá apacigüen el insomnio que ahora padecemos. Y ojalá que en nuestro próximo sueño, la culpa no sea más grande que la libertad que se avecina.

Marco Díaz Güemez
Otoño de 2011

* En este caso el cerdo se ha permitido, muy orondo, una sábana bajera.